El camino del medio no es solo sabiduría: es, sobre todo, advertencia

Los extremos seducen, prometen revelación, pureza o liberación de lo humano; alcanzar lo divino, pero después devoran. Quien ha atravesado verdaderamente sus límites comprende que el camino del medio no nace de la cobardía ni de la falta de profundidad, sino del conocimiento directo de lo que ocurre cuando se abandona toda medida.

Los grandes líderes espirituales que dieron origen a las principales religiones atravesaron los extremos. Predicaron la renuncia, el sacrificio, la austeridad y el alejamiento de la vida ordinaria. Sin embargo, todos regresaron. Todos volvieron a vivir y murieron como seres humanos. En mayor o menor medida, terminaron mostrando que la vía más conveniente no era la destrucción de lo humano, sino su integración.

Los extremos no son un camino. Son comparables a una descarga de emergencia aplicada cuando la vida se apaga; el corazón se detiene: pueden devolver la vida, provocar una ruptura decisiva o abrir una puerta cerrada, pero no están hechos para el desarrollo normal de la existencia. Son una intervención límite, no una vía permanente.

Al utilizarlos, existe el riesgo de que algo dentro de la estructura quede alterado o fracturado. Entre la cura y la locura hay solo un paso. De ahí nace mi advertencia y la de los líderes espirituales.

El extremo espiritual conduce hasta un punto de absoluto caos demoledor. El camino espiritual tiene techo, y asomarse a ese límite genera una fractura difícil de sostener. Allí, incluso la muerte, aquello que normalmente se teme como final absoluto, pierde peso.

La muerte deja de ser salida o refugio ante la inmensidad de lo que se revela. En los extremos aparece algo que desborda lo imaginable y destruye las categorías habituales. Se comprende que tampoco es posible huir desapareciendo, porque no existe un “fuera” al que dirigirse.

El camino del medio no niega la intensidad ni la profundidad. Permite que lo descubierto madure, vivir con sabiduría; fluir con la vida.

No es mediocridad, tibieza ni miedo a avanzar. Es la sabiduría de quien ha conocido los extremos y ha comprendido que la verdadera realización, el mayor crecimiento espiritual no es matar lo humano, sino volver a lo humano en toda su plenitud. Disfrutar del regalo y del insondable milagro de la vida.

¿Qué te parece esta reflexión?

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *