15 ERRORES COMUNES EN CONSULTA

  1. Perder la perspectiva de la realidad: Perder la perspectiva de la situación real del
    paciente, viéndola no tal como es, sino a través de filtros rígidos, sesgos de
    confirmación o esquemas preconcebidos de la propia teoría, habitando un mapa mental
    abstracto y desvinculado.
  2. Dejarse llevar por los síntomas prematuramente: Apresurarse a encasillar al paciente
    basándose en similitudes superficiales con otros casos anteriores, frenando la
    indagación clínica en vez de profundizar con preguntas y explorar causas alternativas.
  3. Subordinar la persona al protocolo rígido: Aplicar secuencias, métodos o pasos
    estandarizados de manera mecánica, priorizando el cumplimiento estricto del manual
    por encima de la flexibilidad que exige la vivencia única del consultante.
  4. Oscilar entre la excesiva dureza y la blandura (falta de asertividad y control):
    Carecer de un posicionamiento asertivo equilibrado, alternando entre posturas rígidas y
    actitudes excesivamente complacientes que impiden sostener el timón y el encuadre de
    la sesión.
  5. Evitar la confrontación por miedo a perder al paciente: Omitir el señalamiento de
    errores, contradicciones o actitudes perjudiciales del consultante, adoptando una postura
    condescendiente por temor a generar malestar o a que abandone la terapia.
  6. Escucha precipitada o excesiva: Sucumbir a las prisas omitiendo una escucha
    profunda, o bien caer en el extremo opuesto permitiendo que el paciente se quede
    atrapado y dé vueltas en bucle sobre su relato sin avanzar hacia la transformación.
  7. No saber cuándo detenerse o rechazar el caso (falta de honestidad clínica): Creer
    que siempre hay que intervenir a toda costa, ignorando cuándo la terapia no va a
    beneficiar a la persona o excede la competencia profesional, faltando a la honestidad
    clínica.
  8. Secuestrar la autonomía del paciente (arrebatarle el control): Tratar al consultante
    como a un prisionero de la terapia, imponiendo ritmos, direcciones o decisiones e
    invalidando su derecho legítimo a elegir qué quiere hacer y qué no.
  9. Abusar de la imaginación para abordar casos graves: Sustituir el anclaje en la
    realidad y la contención clínica sólida por métodos basados en un exceso de fantasía o
    especulación imaginativa al pretender tratar patologías complejas o graves, lo que
    desestabiliza aún más al paciente.
  10. Masificar la atención por motivos económicos: Atender a varios pacientes
    simultáneamente o saturar la agenda priorizando el beneficio financiero por encima de
    la calidad, la presencia y el rigor terapéutico que cada caso requiere.
  11. Descuidar el espacio físico y el material terapéutico: Carecer de los recursos
    adecuados o de una sala que no garantice un entorno físico seguro, propicio y
    continente, impidiendo que el paciente logre la relajación y la disposición necesarias
    para el proceso.
  12. Utilizar un lenguaje o diagnóstico inadecuado: No adaptar las palabras a las
    capacidades reales de escucha y entendimiento del paciente, empleando tecnicismos o
    etiquetas diagnósticas complejas que terminan desconcertando, confundiendo o
    generando más daño que beneficio.
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